MARIA, MADRE DE LA DIVINA GRACIA

La maternidad espiritual de María implica que ella es la dispensadora de la gracia divina. Jesucristo ciertamente, es el único mediador (LG 60), pero María, con todo fundamento, «es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora», pues «la mediación única del Redentor no excluye, sino que suscita en las criaturas diversas clases de  cooperación, participada de la única fuente. La Iglesia no duda en confesar esta función subordinada de María, la experimenta continuamente y la recomienda a la piedad de los fieles, para que, apoyados en esta protección maternal, se unan con mayor intimidad al Mediador y Salvador» (62). También esta doctrina tiene, lo veremos ahora, una profunda tradición en la Iglesia.

Benedicto XVI dice que la virgen «es como un río celestial por el que descienden las corrientes de todos los dones de las gracias a los corazones de los mortales» (bula gloriosæ dominæ  27-IX-1748:DM 217).

Pío VII llama a María «dispensadora de todas las gracias» (breve Quod divino 24-I-1895:DM 235.

León XIII enseña que «nada en absoluto de aquel inmenso tesoro de todas las graciasque consiguió el Señor, nada se nos da a nosotros sino por María, pues así lo quiso Dios» (ep. apost. optimæ quidem spei 21-VII-1891: DM 376).

San pío X enseña que María, junto a la cruz, «mereció ser la dispensadora de todos los tesoros que Jesús nos conquistó con su muerte y con su sangre. La fuente, por tanto, es Jesucristo; pero María, como bien señala San Bernardo, es “el acueducto”» (enc. Ad diem ilium 2-II-1904: DM 488-489).

Pío XI afirma que la Virgen María ha sido constituida «administradora y medianera de la gracia» (enc. Miserentissimus Redemptor  8-V-1928: DM 608).

Pío XII dice que el Señor hizo a María «medianera de sus gracias, dispensadora de sus tesoros», de modo que «tiene un poder casi inmenso en la distribución de las gracias que se derivan de la redención» (radiom. 13-V-1946: DM 734, 737).

Pablo VI confiesa que el Señor hizo a María «administradora y dispensadora generosa de los tesoros de su misericordia» (enc Mense maio 29-IV-1965).

Una enseñanza tan reiterada en la Iglesia ha de considerarse como una doctrina de fe: ciertamente María es para todos los hombres la dispensadora de todas las gracias. Juan Pablo II destaca «la solicitud de María por los hombres, el ir a su encuentro en toda la gama de sus necesidades», como en Caná de Galilea: « No tienen vino». «Se da una mediación: María se pone entre su Hijo y los hombres en la realidad de sus privaciones, indigencias y sufrimientos. Se pone  “en medio”, o sea, hace de mediadora no como una persona extraña, sino en su papel de madre, consciente de que como tal puede – más bien “tiene derecho de”- hacer presente al Hijo de las necesidades de los hombres. Su mediación, por lo tanto, tiene un carácter de intercesión: María “intercede” por los hombres»  (Redemptoris Mater 21). A esa maternal mediación de intercesión acuden siempre, llevadas por el Espíritu Santo, las  generaciones cristianas, que dicen una  y otra vez: « Santa María Madre de dios, ruega por nosotros».

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